UN CUENTO PARA PETRONILA

Ficcion histórica inspirada en la figura de Petronila de Aragón

A través de Orosia y Talesa, dos jóvenes nobles, deleitate con esta preciosa historia de mujeres en un convulso mundo de hombres

Pequeño reino de Aragón, siglo XI. En pleno reinado de Sancho Ramírez, en la ciudad de Jaca, se reúnen las familias cercanas a los reyes. Los veranos en esa ciudad crean lazos de amistad entre los hijos de los reyes, y los de los nobles aragoneses.

La joven Orosia y las hijas del poderoso Conde Sancho Ramírez (Talesa y Beatriz), se reencuentran cada verano y entre ellas nace una verdadera amistad, que se verá amenazada por los acontecimientos que vivirán en los años siguientes. El reino se expande poco a poco y se afianza gracias al buen hacer de los tres reyes que van tomando el poder.
Durante esos años, Talesa y Orosia, amigas inseparables, han tomado diferentes caminos guiadas por el poder de la Condesa Dª. Sancha y el propio carácter de cada una. Talesa se convertirá en la poderosa Vizcondesa de Bearn, súbdita fiel a los intereses del reino y de su esposo, así como a la nueva corriente religiosa que llega de Cluny, mientras que Orosia, apegada a las ancestrales enseñanzas de sus mayores y a los viejos ritos religiosos, tendrá que hacer un esfuerzo por aceptar las nuevas normas que van imperando en el reino. 


Las voces de las dos protagonistas, así como la de un narrador omnisciente, acompañan al lector por los acontecimientos históricos y los personajes que los protagonizan, asistiendo a la creación de un nuevo y poderoso reino.

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Escritor
Colección
Coolbooks
Materia
Novela Histórica
Idioma
  • Castellano
Editorial
Platero Ediciones
EAN
9788412158175
ISBN
978-84-121581-7-5
Páginas
320
Edición
1
Fecha publicación
27-02-2020
Edición en papel
16,15 €
Descuento 5%17,00 €

Reseñas

  • “UN CUENTO PARA PETRONILA” DE CRIS BERNARDÓ

    En los arcaicos portales de un reino naciente, que se fragua entre conspiraciones y férreas voluntades, acaparando territorios; que se construye sobre los cimientos de la cristiandad, salpicado de intrigas eclesiales; que se expande entre frágiles fronteras, derramando sangre y clamando fuego, surgirá la base de una monarquía en un enclave cobijado a los pies de los valles pirenaicos. Un reino ínfimo todavía que, a pesar del tumultuoso tiempo que se cierne en derredor, se amplia con la bondad de sus gentes; un reino cuya dinastía aparece por vez primera en el tablero del norte de Hispania, la misma que le da nombre: Aragón. Será en esta nueva tierra que ve la luz donde traspasaremos las gruesas paredes de palacios, castillos o recónditos bosques, situados a un lado de los Pirineos o allende los mismos, ahí hallaremos a las mujeres que le dieron vida y lo forjaron, las más de las veces, ahogadas entre el llanto, el aislamiento o la soledad de sus hogares vacíos. A pesar de los crudos inviernos bajo los rigores de la montaña, la desesperanza o el íntimo lamento que las continuas guerras y las largas ausencias de hijos y esposos las llevó a padecer, fueron mujeres clave, en cambio; solas, tuvieron que tomar las riendas, por entreveradas que se les presentaran, y fueron determinantes en incontables situaciones complejas, de suma importancia para escribir un porvenir y en las que no cabían signos de dubitación alguna. Ellas, aquellas damas nobles, consiguieron afianzar el buen caminar y hacer de sus pobladores, así como marcaron el rumbo que tomaría la historia y, con ella, el incipiente reino de Aragón. Es en este escenario de conquistas y adversidades, o en el que la lucha contra el infiel o las escaramuzas con los reinos vecinos constituían una constante, en el que vemos participando a las principales protagonistas, Talesa y Orosia, enfrentándose a multitud de obstáculos y a numerosas contradicciones consigo mismas; pero, sobre todo, las vemos sobreponerse y mirar hacia adelante, superándose a cada momento, aun con la crudeza de haber nacido en el principio de un tiempo violento, inquieto y desapacible para poder realizar una vida acunada entre el sosiego, y no entre las traiciones y las batallas acostumbradas, entre las que les toca existir en su habitar cotidiano. Talesa, una mujer que gobierna todo un condado, firme y poderosa, perseverante y luchadora que no ceja nunca en sus propósitos planeados, es quien nos va relatando sus idas y venidas en sus propias crónicas, que cuenta desde la niñez, y a quien entrevemos aspirando a la ambición en sus helados territorios del Bearn, los más septentrionales de Aragón en la época, aun así, sabe enseñarnos su alma compasiva enmascarada en la coraza con la que quiere proteger a su blando corazón, y no siempre lo consigue; Orosia, una mujer con un espíritu que resplandece dorado y que siempre está pendiente de los demás, vive con arraigo a las antiguas tradiciones —incluso por medio de colgantes y símbolos supersticiosos— y ritos ancestrales que están a punto de desaparecer, siendo engullidos por las nuevas reglas que impone el papado de Roma y desecha sin más todo lo anterior que ha mantenido a esas gentes unidas a su tierra y a la madre naturaleza; ambas, alrededor de la corte de Jaca —la capital por aquel entonces—, formarán una indestructible amistad que los dilemas amontonados en los lustros transcurridos irán meciendo, según el viento sople, entre el camino, hacia una dirección o la contrapuesta. Sin embargo, la intimidad oculta de sus lazos seguirá trenzándose aun con la llegada de sus esponsales; aun con la mentalidad religiosa adversa entre ellas: Talesa leal sierva, y también interesada, de la Orden de Cluny; Orosia recogiendo las oraciones y los reconstituyentes remedios de las plantas que de la voz de su abuela aprendió, y los recuerdos que su canto le entonó.

    “Un cuento para Petronila” es una novela de esas que te dejan profunda huella; tanto por los datos históricos que contiene como por la humanidad de sus personajes, con los cuales te identificas y sellan en ti sus vivencias. A través de una prosa que rezuma sensibilidad, te adentras en un periodo de nuestra historia relleno de luces, de sombras y de agridulce acontecer. Asistimos a la apertura de un longevo reino, el de Aragón, desde el eco de figuras históricas reales, su cetro y, finalmente, su corona. Recorremos los impracticables senderos, a galope entre varias generaciones de reinas y reyes aragoneses: Sancho Ramírez y Felicia; Pedro I e Inés de Aquitania; Alfonso I y Urraca; Ramiro II e Inés de Poitiers. Asimismo, presenciamos la pugna eclesiástica del obispo don García contra su hermana, la condesa Sancha, quien intenta abrir al mundo el minúsculo territorio que levantó su padre Ramiro convirtiéndose en cuerpo y alma por y para la reforma romana, que prescindirá en su liturgia de un, según doña Sancha, mujer empoderada, intrigante y dominante donde las haya, obsoleto rito hispano de días ya remotos. La autora, en un entramado de pasiones, rupturas e intrincados tejemanejes palaciegos, nos hace bucear entre un conflictivo siglo XI y los albores de un siglo XII, no menos tambaleante, en un trasiego por la vida de aquellas lejanísimas mujeres, que he sentido cercanas, casi como si su leyenda acariciara mis manos y traspasara mis oídos; que me han parecido personas de verdad, reales, tal he penetrado en sus miedos y esperanzas; que, en definitiva, me han hecho mirar a aquella época asentada en terreno aragonés, muy nuestra y muy mía porque he empatizado con ellas, con aquellas mujeres que nos precedieron (las ficticias, que representan a aquellas mujeres anónimas, y las que realmente existieron), fuertes, arriesgadas y que no debemos olvidar jamás. Cris Bernardó ha escrito una novela muy muy recomendable, cuyas líneas han absorbido mi reflexión y pensamientos de principio a fin, porque ha sido uno de esos tesoros literarios que brillan solamente de vez en cuando (y esta novela lo es), y la pincela con una narrativa donde los sentimientos y el universo femenino, que con tanta agudeza ha sabido retratar, recomponen la existencia solitaria y llena de calamidades de aquellas mujeres; además, lo refleja en una narrativa intimista y profunda en la que ha conjugado a la perfección la esencia de lo femenino en una época medieval y sangrienta, donde la espada que instituyó la Corona de Aragón, recayó, por fin, en el alumbramiento de otra gran mujer a la vez que reina: Petronila.

    RAQUEL VICTORIA

    escritora y novelista 

  • Un cuento para Petronila: Precioso nombre para una maravillosa historia que ya sabía de antemano que me iba a gustar pues conozco la pluma de esta gran autora con "Beatriz, la dama del Vallbona" que también me encantó. En ella encontraréis una bonita historia de tres valerosas amigas que van narrando sus más íntimos anhelos y afanes en unas vidas tan complicadas en aquellos años para las mujeres. Los reyes aragoneses se abren camino entremedio de conjuros, sospechas, traiciones, triunfos, amores y un sinfín de acontecimientos perfectamente situados cronológicamente por la autora en cada una de las fechas correspondientes, lo cual me parece una tarea de documentación ardua y complicada que Cris lo maneja con gran dominio y soltura. El Santo grial también es protagonista en unos capítulos que narran los lugares de Aragón en los que se ocultó, confirmando que este vaso sagrado estuvo escondido durante muchos años en tierras aragoneses dotándola así de gran privilegio. Lo que más me ha gustado es la facilidad de la autora para acercar a los personajes al lector, su sensibilidad en la descripción de los sentimientos, y la calidad y elegancia de su estilo narrativo que hace que no quieras que la novela termine. Un libro que nos enseña como las decisiones que tomamos en la vida, sin duda son las que van moldeando nuestro destino. Ojalá que esta novela consiga alcanzar muy alto el sito que le corresponde en este complicado mundo literario. 

    Amparo Belmonte Meseguer

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